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18 de agosto de 2010

Algo para reflexionar: La televisiòn y el ruido segùn Ernesto Sabato



Leìa "La resistencia", ese libro maravilloso lleno de honda nostalgia y ternura por un mundo que se nos escapa de las manos pero cuyo final podemos cambiar, y no podìa menos que sentirme embargado de una emociòn profunda y estremecedora. Con cuanta claridad Ernesto ve lo que esta al final de tunel y trata de advertirnos de ello. La ciencia y la tecnologia han dejado de convertirse en lo que se pensó alguna vez como salvaciòn y principio de la redenciòn, y han pasado a ser el verdugo de este siglo. La luz al final del tùnel, que veìan los revolucionarios hombres de ciencia del siglo XIX, se ha convertido en el trayecto de una sombra, una locomotora llena de terror y horror que nos acecha y vertiginosa y peligrosamente se nos viene encima, arrolando nuestra capacidad de ser humanos, de amar y sentir el dolor del otro como el dolor de uno mismo. ¡Que tristeza en el corazòn nos embarga al mirar lo que hay y lo que se viene!

Jehovà nos ampare y nos ilumine siempre. Que Dios proteja a los hombre buenos y que les de fuerza suficiente para luchar cada dìa de su vida contra el mal. ¡Que Dios bendiga a Ernesto Sàbato!

No quiero extenderme en este preambulo para citar un fragmento de la obra "La resistencia":

"Es apremiante reconocer los espacios de encuentro que nos quiten de ser una multitud masificada mirando aisladamente la televisión. Lo paradójico es que a través de esa pantalla parecemos estar conectados con el mundo entero, cuando en verdad nos arranca la posibilidad de convivir humanamente, y lo que es tan grave como esto, nos predispone a la abulia. Irónicamente he dicho en muchas entrevistas que “la televisión es el opio del pueblo”, modificando la famosa frase de Marx. Pero lo creo, uno va quedando aletargado delante de la pantalla, y aunque no encuentre nada de lo que busca lo mismo se queda ahí, incapaz de levantarse y hacer algo bueno. Nos quita las ganas de trabajar en alguna artesanía, leer un libro, arreglar algo de la casa mientras se escucha música o se matea. O ir al bar con algún amigo, o conversar con los suyos. Es un tedio, un aburrimiento al que nos acostumbramos como “a falta de algo mejor”. El estar monótonamente sentado frente a la televisión anestesia la sensibilidad, hace lerda la mente, perjudica el alma.
Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos. No vemos lo que no tiene la iluminación de la pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos perfumes. Ya ni las flores los tienen." (...)
"Me pregunto si la gente se da cuenta del daño que le hace el ruido, o es que se los ha convencido de lo avanzado que es hablar a los gritos. En muchos departamentos se oye el televisor del vecino, ¿cómo nos respetamos tan poco? ¿Cómo hace el ser humano para soportar el aumento de decibeles en que vive? Las experiencias con animales han demostrado que el alto volumen les daña la memoria primero, luego los enloquece y finalmente los mata. Debo de ser como ellos porque hace tiempo que ando por la calle con tapones para los oídos."

"El hombre se está acostumbrando a aceptar pasivamente una constante intrusión sensorial. Y esta actitud pasiva termina siendo una servidumbre mental, una verdadera esclavitud.
Pero hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse. No mirar con indiferencia cómo desaparece de nuestra mirada la infinita riqueza que forma el universo que nos rodea, con sus colores, sonidos y perfumes."


Que el Dios de amor y paz los bendiga a todos.