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27 de septiembre de 2012

Estos años turbulentos.


¿Qué esta pasando? Guerras, destrucción y muerte parecen plagar el mundo. ¿Son señales antes del fin? Qué ha sucedido en la psiquis del hombre para fomentar el crimen y la violencia, la fuerza irracional, como una forma valida para obtener aquello que desea, que ambiciona. ¿Por qué se acepta todo lo que la televisión nos enseña, nos muestra a través de esa caja boba? El deseo es parte natural del hombre. Surge con él y es parte de lo que la naturaleza lo ha dotado para sobrevivir. Sin embargo, el deseo exacerbado del hombre por los bienes materiales es origen de la mayoría de los males del mundo. Invasiones de territorios ricos en petróleo, diamantes, oro y todo aquello que el corazón del hombre anhele y considere valiosos a los ojos, pero que no es nada ante los ojos de DIOS, y que si lo piensas bien, ¿vale todo el oro del mundo, el dinero del mundo, el precio de una vida? No. Seguro tú respuesta fue no. Y es cierto. Porque uno no desea el oro o la plata o los diamantes, sino lo que puede hacer con ellos. Es decir, que si  tuvieras el poder de obtener lo que deseas sin recurrir al dinero, si tuvieras ese poder, en realidad, nadie se mataría por el dinero. El poder del dinero viene de tu propia concepción de lo que puedes hacer con él. Entonces, debemos de cambiar esa concepción; en otras palabras, debemos de atar nuestro propios deseos, y hacernos hombres nuevos, mentes nuevas que no caigan en este juego del consumismo y el facilismo, la fatalidad, de esta felicidad posmoderna

Que Dios los bendiga.

27 de marzo de 2012

El amor al mundo


No amen el mundo, ni lo que hay en él. Si alguno ama al mundo, no ama a Dios Padre; porque nada de lo que el mundo ofrece viene del Padre, sino del mundo mismo. Los malos deseos de la naturaleza humana, el deseo de tener lo que agrada a los ojos, y el orgullo de las cosas de la vida todo esto es lo que el mundo ofrece. Y el mundo se va acabando, con todos los malos deseos que hay en él; pero el que hace la voluntad de DIos vive para siempre. ( 1 Juan 2, 15-17).