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16 de agosto de 2018

DIARIO: Días de cama

Traquetean las ollas bajo el chorro de agua. Mi esposa sirve el desayuno caliente para luchar contra el frío. En Lima, los días son trozos de hielo que calan los huesos. No queda más que abrigarse para no respirar agua en esta ciudad sumergida.
Llegan los huevos cocidos a la mesa, acompañados de habas y un vaso de agua caliente. Deberíamos haber ido a ver al doctor, me dice, pero prefiero no hacerlo. Tengo algunas medicinas para calmar esta tos huraña, persistente, sonora. Una tos que me impidió acompañar a los hermanos a darle mantenimiento al local de asambleas. Mañana tenemos la nuestra y no sé si podré asistir. Me duele un poco el pecho cuando toso y la garganta está irritada. Espero mejorar para mañana. Mi esposa, mi buena enfermera, se quedó en casa cuidándome. La pobre quisiera hacer más, se le nota en los ojos, en la ternura de sus manos, en la emoción de su voz, pero ya hace suficiente.
El desayuno fue revitalizante. Ahora, debo tomar la medicina. Siempre con el estómago lleno, me dijeron. Yo hago caso. No quiero que me duela el estómago por las pastillas. Sería saltar de la sartén al fuego, como dicen. Sería hermoso asistir a la asamblea de mañana, pero no quiero contagiar a nadie. Sería una pena que por mi culpa, algunos hermanos cogieran está gripe o no sé que, que tengo. Cojo un libro, trato de leerlo, pero ya la cama parece hecha de fuego. Me levanto, pero cuando lo hago el frío como dardos viene de todas partes.
Quedarse en cama, era más difícil los primeros días. Al pasar mucho tiempo en casa, trato de llenar mis horas leyendo mi texto diario, le hago un esquema y lo subo a wassap y al blog. Realmente es muy entretenido. También leo mi Biblia. Me he puesto la meta de estudiar un capítulo diario de la Biblia. La biblioteca en línea tiene buenos comentarios de cada versículo de la Biblia, así puedo aprender más acerca de Jehová. Ademas, estoy leyendo el libro Beneficiese, para seguir mejorando y ser un buen maestro de la escrituras, y ver si de una vez puedo vencer la timidez que me agobia cada vez que subo a la plataforma. Aprendo una lección cada día. Por las noches, estudiamos con mi esposa cualidades acerca de cómo ser un buen cristiano, escuchamos algún discurso, vemos alguna película de la JW, y también conversamos bastante, en realidad, bromeamos bastante. Gracias a Jehová, todo gracias a Él. También vemos alguna comedia o película, pero cada vez es más difícil  hallar algo sin groserías o sexo en la  pantalla.
A pesar de la enfermedad, le agradezco de corazón a Jehová por mi esposa, por pertenecer a su pueblo, por conocerlo y tener la esperanza de llegar a ser su amigo. No hay nada más que pedir.

10 de julio de 2017

Un día frío, escribo...




El día esta cargado de nostalgia. Afuera, los niños corren en medio de la pequeña plazuela verde, cercada de piedras. El aire frío de la mañana muchas veces nos hace estar un poco pensativos, pero el estar afuera, dando cursos, es mejor que estar en casa. El frío parece dejar de abrazarnos y sentimos una tibieza especial cuando subimos y bajamos por las laderas de los cerros. No es el calor corporal, no, es algo más. Algo más profundo, tibio y dulce, un pequeño gozo que crece desde el centro del corazón y parece elevarnos unos milímetros de la aspereza del suelo. Uno llega y el saludo es siempre una sonrisa. No sé porque, entonces, siempre a uno le dan ganas de sonreír a todas las personas. ¿Es porque este mensaje suave y cálido que llevamos, es un mensaje de amor, buenas nuevas que brotan de unos labios agradecidos hasta posarse en los oídos de quien quiera oír? Y este mensaje, claro, es algo muy intimo, sereno, un río de paz, como un bosque arrullado por un canto.
A todas las personas les gusta oír. O a casi todas. Y de todas las personas que oyen este mensaje, muchas te piden volver. Son ellas las que motivan a dar un esfuerzo más, un paso más , una cuesta más, un poco de aire frío  y a subir y bajar. 
Esta temporada no es tan fría como otras. El mensaje de Jehová puede atravesar los hielos mas duros, los lugares más inhóspitos. Es cierto. Cualquiera puede corroborarlo. Se predica en lugares como Rusia, en las estepas áridas y heladas, pero nada de eso sucede aquí. Lima es una ciudad otoñal. No hay inviernos crudos como los de Europa o en los Andes peruanos, donde, ahí sí, la temperatura desciende hasta veinte grados bajo cero. Abrigarse es casi imposible. Un abrazo de hielo. Pero aquí el clima, gracias a Jehová, es benigno, un leve frío con algunas oleadas de un sol tibio y tímido. La humedad también parece, no es tanta como la de otras épocas. Recuerdo informes en que se decía que esta bordeaba el noventa por ciento e incluso más. Respirábamos agua.
Mi esposa llega y escucho como abre la puerta, se acerca y me da un tierno beso en la mejilla. Me gusta su aroma. Parece un bouquet de flores. Es hora de almorzar , me dice tiernamente. Le hago caso. Apago la computadora y dejó para después esta pequeña confesión.

10 de enero de 2017

Al llegar a casa

Acabo de llegar a casa , bajo un calor torrencial. LAS NUBES PARECEN LEJANOS RECUERDOS. El sol arremete y apenas si nos da tregua. Agradecemos a Jehová que hizo la noche, para descansar por lo menos, en estos meses, de este calor que parece derretirnos. No hay mayor placer que servirle y eso lo sabe cualquiera que ha caminado bajo el sol, la lluvia, y la incomprensión de las puertas cerradas, las ventanas que golpetean, las miradas huidizas que se esconden tras las ventanas. Todo es parte del oficio, como dicen. Pero hay un gozo en todo ello. No sé como explicarlo. O mejor aún , sé cual es la fuente de ese gozo suave y duradero, como una rafaga de aire calido en un día yerto. Es Jehová, la fuente de todo gozo para un testigo, es Jehová.
Pero los días transcurren como agua entre los dedos y uno quiere decir a las personas: hey, falta un resto de tiempo y todo no será más. Pero ese no es el modo de hacerlo. O quiza sea un modo provocador e hiriente. No el que Jesús enseñó. Debemos seguir, a la siguiente puerta, al siguiente amo de casa. Oir, preguntar, responder. En verdad, la luz se hace amplia en estos últimos tiempos, pero, sin duda, muchos ojos se abrirán y muchos querrán escuchar, sólo es cuestión de ser amables, pacientes y comprensivos acerca de las necesidades espirituales de cada uno.
La luz se apaga y mi esposa ya quiere dormir. Bien, le digo, sólo una linea más.
- Recuerda que mañana hay servicio - me dice cariñosa .
Apagó la luz, pero sigo pensando en el calor, en la lluvia, en este clima raro, en los saludos, en las excusas, en todo este vaivén de los últimos tiempos. Cierro los ojos, pero no puedo dormir. Me he acostumbrado a  dormir tarde por la noche. Mi esposa se sorprende que pueda levantarme tan temprano. Así somos los viejos, le digo bromeando. Mañana hay servicio y yo lo dirijo. He pensado en una ruta donde a las hermanas el sol no les sea tan agresivo, pero estas calles arden como una caldera. Apenas si podemos encontrar sombra de cuando en cuando.
Mi esposa me acaricia el cabello mientras me llama a su lado. Terminó de leer estas últimas lineas para ella, miró sus ojos dulces, cierro los míos y duermo pensando en el día de mañana, en el sol, en la lluvia, en el fuego, en el aire, en las nubes...

30 de julio de 2016

Diario: UNO DE ESTOS DÍAS

¿Dónde uno puede estar mejor? Sin duda, la respuesta es en el pueblo de Jehová. Y más precisamente entre los brazos de Jehová, cobijado bajo sus alas (salmo 91:4) Sé que al haber leído la cita del salmo, que esta entre paréntesis, muchos pensaron que este era un discurso basado en la Biblia, pero no es así. Esta no es sino la apertura de un corazón agradecido por la misericordia y la bondad del gran Dios Todopoderoso, Jehová. Es cierto que son muchas las características bellas y particulares de este Dios grandioso. Características que dejan perplejo a más de uno, confundidos a varios cientos. 
Tal vez debería aclarar esto: Dios es bondadoso y las millares de atrocidades que se ven en el mundo, no son culpa de Jehová. Él es bueno hasta la médula y todo lo que él hace, lo hace guiado por el amor. Quisiera extenderme en defender este punto, pero, por ahora, no lo haré, pues ello se irá entendiendo poco a poco, a medida que dé testimonio pues quiero contar fragmentos de mi vida como testigo de Jehová y como esta relación personal, amorosa y bella que tengo con Jehová traza cada uno de mis días. No se piense que es egolatría el que yo me declare su testigo. En realidad, soy Testigo de Jehová, como lo fueron miles antes que yo, como lo fue Abel, Abraham, Noé, Jonás, Elias, Jesús (el mayor de todos los testigos), Pedro, Pablo y todos ellos. En realidad, es un orgullo, no del pecaminoso orgullo de Satanás, sino del orgullo que siente Pablo, (2 corintios 7:4) pues es un honor hablar, dar testimonio de Jehová Dios. Él es tan bueno... que es algo cruel todo lo que se dice de él. Acusaciones injustas. 
Si bien es cierto tenemos el derecho de conjeturar, desentendernos muchas veces, de todo lo que pasa mas allá de nosotros mismos, también tenemos un deber, si es que hay uno más grande que este, y es buscar siempre la verdad, no andar a ciegas por el mundo. 
Ahora mi esposa me llama. La veo acomodar la habitación mientras escribo estas lineas. Tiene razón. Es tarde. A descansar en este lado del mundo, bajo una luna que brilla en unas pupilas caramelo. 

(Lo más hermoso de ser Testigo de Jehová, es que Él siempre se alegra de que demos testimonio de cualquier modo que podamos de que Él, nuestro amado Jehová es el Dios Feliz (1 Timoteo 1:11) )