10 de noviembre de 2011

10 mentiras acerca de Dios: Dios no siente pena o dolor por lo que le pase al ser humano.


Mentira 1: Dios no siente pena o dolor por lo que le sucede al ser humano.


Se afirma que un gran líder debe de dejar a un lado sus emociones para tomar decisiones correctas, pues estas nublan su buen juicio. ¿Es así? A lo largo de la historia de la humanidad podemos encontrar a “grandes” lideres que han actuado de esa manera. Sin embargo, el ser más poderoso del universo, el creador de todo lo existente, no es así. Él siente pena y pesar por lo que le sucede a sus amadas criaturas. ¿En que razones nos basamos para hacer tales afirmaciones? Veamos algunas:


1. Cuando la tierra se lleno de gente perversa, que solo se complacía en planificar hacer el mal o en hacerlo, Jehová Dios sintió pesar por todo lo que sucedía y le dolió el corazón por la mala actitud del hombre. Leemos en Gé. 6, 5-6: “Por consiguiente, Jehová vio que la maldad del hombre abundaba en la tierra, y que toda inclinación de los pensamientos del corazón de este era solamente mala en todo tiempo. Y Jehová sintió pesar por haber hecho al hombre y se sintió herido en el corazón”.

2. Cuando Jonás, el famoso profeta que fue tragado por un pez y permaneció tres días y tres noches en sus entrañas, predicó en Nínive la destrucción de esta por causa de sus grandes pecados, sus habitantes se arrepintieron, no probaron bocado, incluyendo al propio rey e incluso todos sus animales, y pusieron fe en Dios. Jehová los perdonó y “sintió pesar en cuanto a la calamidad de que había hablado que les causaría, y no la causó” (Jonás 3, 10). Sin embargo, escuchemos las razones que le da el propio Jehová a Jonás, ante el reclamo de este: “(...) ¿No debería sentir yo lastima por Ninive la gran ciudad, en la cual existen más de ciento veinte mil hombres que de ninguna manera saben distinguir entre su mano derecha y su mano izquierda, además de muchos animales domésticos?”.

3. ¿Qué pensarías si se te acercara un hijo tuyo y te preguntara que te hizo él para que lo trataras así? Por lo menos sabrías que tiene un gran dolor dentro de sí. ¿Y si fuera tu padre? Sabrías que el dolor lo mueve a hablar así. Ahora piensa en que sentirías si escucharas al propio Rey del universo, Jehová, creador de todo lo existente, para quien mil años es como un día, preguntarte: que te hice yo para que portarás así conmigo. Sería algo increíble, ¿verdad? Pues es cierto, veamos: “Oh, pueblo mío, ¿qué te he hecho yo y en que te he molestado?” (Miqueas 6, 3).

4. ¿Creerías que existen madres que abandonan a sus hijos? Es cierto, lo vemos a cada momento en los noticieros. Pero una buena madre esta pendiente de su bebé, de sus necesidades, acude a él en cuanto lo oye llorar, le provee alimento, lo consuela en sus horas de temor... Lea lo siguiente y vea que piensa Jehová de sus hijos: “¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, no tener piedad del hijo de vientre? Aunque ella te olvide, yo nunca te olvidaré” (Isaías 49, 15) Increíbles palabras del Creador el universo, ¿verdad? Sólo se me ocurre pensar en las palabras del rey David: “Oh Jehová, cuando veo tus cielos, las oras de tus dedos la luna y las estrellas que tú has preparado, ¿qué es el hombre mortal para que lo tengas presente, para que cuides de él?” (Salmo 8, 3-4).

Realmente, Jehová Dios siempre esta pendiente de nosotros y siente lastima, pesar, le duele profundamente el corazón, cuando cometemos actos que mancillan nuestro propio honor y el suyo.

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes” (Santiago 4, 8)


Que Dios los bendiga.

1 de noviembre de 2011

Poema: UNO



            Sé que en medio de las lluvias
            O entre los vientos que recorren mi corazón
            Hay una luz amorosa
            Que es la mirada del Señor.
            Sé que busca flores entre mis palabras
            El más pequeño resto de calor
            Como en el primer día
            Cuando mi alimento era el amor.

            Que Dios los bendiga. 




23 de octubre de 2011

La frase del día: 2 Pedro 3, 9

"Jehová no es lento respecto a su promesa, 
como algunas personas consideran la lentitud, 
pero es paciente para con ustedes 
porque no desea que ninguno sea destruido; 
mas bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento". 

18 de octubre de 2011

Poema: El paseo de un loco


A los diecisiete dijeron que era muy joven para pensar
A los veinte que sólo debía trabajar
A los veinticinco que ya debía pensar en casarme y sentar cabeza
A los veintisiete que era muy viejo para chiquilladas
Como pensar en Dios y esas cosas
Y a pesar que nunca celebré navidad ni año nuevo
Me encerraron en un manicomio para desadaptados sociales
Escape de la locura y me así al botón de una rosa
Me oculté de las sombras, cerré las bocas de las cuevas,
Comencé a vivir bajo puentes, escondido del mundo,
Buscando a Dios sin detenerme a mirar mi sombra viajando entre nubes
Era la vida verdadera: el aroma perpetuo de un Dios lleno de amor.

17 de octubre de 2011

Perdonar a los que nos maldicen

A veces creemos ser justos jueces de nuestros semejantes, de las personas que están cerca o alejadas de nosotros, eso me pasa frecuentemente. Por eso  dejo en el cuerpo digital de la red estas palabras eternas de mi Señor Jesucristo, dirigidas, en realidad, a mí que a cualquier otro. Y es que a veces olvidamos que hay razones detrás de cada acción, que sólo Dios conoce. 


 «Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan.
Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames.
Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que éstos correspondan con algo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos ustedes. »

Que Dios te bendiga. 

28 de septiembre de 2011

Una linda historia



La operación de M.

M. fue operada hace algunas semanas. Luego de varios días, queriendo volver al ritmo cotidiano de su vida, subía las escaleras cuando tropezó, rodó por ellas y la herida se abrió nuevamente. Fue intervenida de emergencia y dejó de asistir al colegio por algunas semanas. Cuando volví a verla, me contó su terrible pesar, la incomodidad, el dolor, el miedo por lo que estaba pasando. Y eso se reflejaba en su rostro. O tenía desencajado: las cejas arqueadas, el gesto compungido. Pero no solo era un dolor físico, sino también espiritual. M. se sentía sola abatida, sin nadie a quien quejarse, a quien reclamarle. ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿He sido tan mala? Tengo apenas 18 años y ya dos operaciones.
Lo supe apenas la vi. De alguna manera, aquel día llevé por casualidad un libro que habla acerca de porque hay sufrimiento en el mundo y porque Dios termina con el sufrimiento. Se pregunta, el libro, si Dios es insensible o no, y con un razonamiento lógico, impecable, además de una base bíblica, demuestra que Dios respeta las decisiones que el hombre toma sobre su futuro. Si hay una verdadera tragedia en el mundo, es que se ha renunciado a buscar a Dios, a conocerlo.
Le entregué a M. este pequeño libro, mientras le explicaba a sus compañeras como resolver algunos ejercicios. La mire de reojo leer con fascinación, quizá con asombro, las primeras páginas. Al final de la clase me lo pidió prestado y yo con gusto se lo di. A la semana siguiente M. ya era otra. Su mirar, su caminar, eran más seguros. Su rostro estaba iluminado por una nueva luz. No hacia falta preguntar la razón de ese cambio. Dios había llegado a ella a través de las palabras de ese libro. Me quede prendado de la forma nueva en que la hallé. No hay duda, pensé, Dios puede cambiar la vida de una persona y puede darle razones para vivir.

29 de agosto de 2011

Dios y nuestro libre albedrio



Me he preguntado muchas veces por que Dios permite que haya tanto sufrimiento en el mundo, por que la injusticia se sigue cebando en el lomo de los más débiles, porque tantas guerras, hambre, dolor y sufrimiento. Durante mucho tiempo estuve dándole vueltas al asunto, hasta que, al retomar ciertas lecturas bíblicas, me di cuenta de que en realidad todo se relaciona con nuestro "libre albedrio". Es decir, con nuestra capacidad de decidir sobre nuestras acciones. La guerra, el hambre el dolor, la injusticia son causadas por obras de hombres, no de Dios. Por ello, dejé de culpar a Dios de todo lo malo que sucede en el mundo. No es culpa suya. Es sólo un reflejo de nuestro alejamiento espíritual de Él. Porque, si un hombre ama sinceramente a Dios y a su prójimo, las dos reglas básicas del cristianismo ¿asesinara, violara, robara, destruira o se aprovechara de otro? No, definitivamente no. No practico ningún religión en especial porque creo que la relación con Dios debe ser de manera directa, sin intermediarios. Es decir, desde mi punto de vista, las instituciones religiosas te pueden facilitar información acerca de la palabra de Dios, pero no pueden ser un obstáculo y mucho menos pretender que son dueñas de Dios (aunque, ultimamente, todas la iglesias, ministros, pastores, parecen pretender serlo, porque todas dicen ser la religión verdadera). Creo, sinceramente, que uno debe de buscar a Dios con el corazón. Acercarse a Él de manera afectuosa y sincera porque Él es amoroso como un Padre, y un padre siempre perdona y espera lo mejor de sus hijos.

6 de agosto de 2011

Tu presencia



Yo sé que estuviste siempre ahí
y que para mi corazón fuiste luz
y aunque te he pedido siempre por mí,
perdona el egoismo, Señor.

Yo sé que en las noches más oscuras 
tu luz nunca me abandonó.
Y en medio del mar tempestuoso
Tú eras siempre la respuesta. 

Gracias por creer siempre en mí,
y aunque aún me falta tanto 
para ser completamente digno de ti
llegaré algún día, si estas junto a mí.

Bendito sea tu nombre, Jehová

23 de julio de 2011

EL AMOR ENTRE UN PADRE Y SU HIJO.


       No hay duda que el amor que siente un padre por su hijo es maravilloso. Siendo humanos ese amor es tan enorme, tan imponente, colosal, que no puede medirse. Imaginemos entonces cuanto es el amor de Dios hacia sus hijos. Estamos hechos a la imagen y semejanza de Dios [Génesis 1, 27], por lo tanto poseemos las cualidades más bellas de Dios: el amor, la misericordia, la compasión (aunque, estas últimas ¿no son también una forma del amor?). Amamos, pero ¿nuestro amor es parecido al amor de Dios? El amor de Dios es paciente, es leal, es bondadoso, no es orgulloso, ni grosero, ni egoísta, no se enoja ni guarda rencor [ 1 Corintios 13, 4-5 ], es el amor perfecto. ¿No nos dio Jehová Dios la ley del amor? ¿No lo puso Él por encima de otros dones como la fe y la esperanza? [1 Corintios 13, 13] Si amamos somos libres, pues al amar queremos acercarnos a la fuente del amor verdadero pues “Dios es amor” [ 1 Juan 4,8 ] y si nos acercamos a Dios, Dios se acercará a nosotros [ Santiago 4:8 ]. ¿No es acaso Jehová Dios, Padre Nuestro (1) ? Recordemos esa bella historia, donde un hijo arrepentido de haber malgastado el dinero de un padre bueno y tolerante, regresa desengañado y arrepentido por haberlo ofendido, entonces el padre emocionado, feliz hasta lo indecible (2), no le recrimina ni lo condena, sino que sabe que su arrepentimiento es sincero y hace una fiesta por él, el hijo perdido y recuperado [ Lucas 15, 11-32 ] ¿No es hermoso ese amor de Padre que perdona al que se arrepiente sinceramente, sin recriminaciones? Pues de todo esto seguramente brota una duda en nuestros corazones, ¿Jehová Dios es capaz de dar tanto amor? No olviden que Él es Todopoderoso y hace según su voluntad. Él no quiere multitud de sacrificios, sino que hagamos justicia a los seres marginados, las viudas y los huérfanos, como muestra de nuestro arrepentimiento y luego “si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. [ Isaías 1, 18 ]

        Es más, incluso nos dice que Él mismo, sí, el Dios Todopoderoso, a quien nadie puede compararse: “deje el malvado su camino y el criminal sus proyectos, y regrese a Jehová, quien tendrá compasión de él, nuestro Dios, que está siempre dispuesto a perdonar” [ Isaías 55: 7 ]. Por eso, este Dios Padre es “clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar” (3) [ Jonás 4, 2 ] Y es que en una relación de Padre e hijo no cabe el rencor ni el gozo por el mal suceso del otro, aunque el error del hijo demuestre la sapiencia en el consejo del Padre. A pesar de hay una campaña de difamación muy extendida, Jehová Dios no se goza en el perjuicio del malvado: “[...] Tan ciertamente como que yo soy Jehová, no me deleito en la muerte del inicuo, sino en que alguien inicuo se vuelva de su mal camino y ciertamente siga viviendo”.

          Por eso, porque tu eres nuestro Padre, Jehová (4), gracias por todos los dones que nos das cada día, por los elementos de la naturaleza: el sol que nos calienta, el viento que nos refresca, la lluvia que da vida y por todo lo demás. Te pedimos, Padre Eterno, que cuides de los seres que más amamos, que nos des siempre salud, que es lo más importante. Además, danos el conocimiento necesario para llegar a ti. Y nunca te canses de darnos otra oportunidad para empezar de nuevo, Dios Padre. Te lo pedimos por medio de nuestro Señor Jesucristo, el único camino para llegar a ti. Amén.

(1) En la oración que nos entregó Jesús, Hijo de Dios, comienza “Padre Nuestro”, haciendo referencia a la relación que debemos cultivar con Jehová [ Mateo 6:9]

(2) Recuerden que el padre menciona la frase: “Mi hijo estaba muerto pero ahora esta vivo” (Lucas 15:24), estaba muerto en el pecado pero ha vuelto a vivir al volver a Jehová, Dios Padre, él único que preserva de la muerte.

(3)Recordemos que Jonás había escapado de la misión que le encargó Jehová Dios: predicar el arrepentimiento a Nínive. Nínive era de las ciudades más violentas mencionadas en el antiguo testamento, por lo que Jonás tuvo miedo. Cuando por fin se dirige a la ciudad y predice su destrucción sino se arrepiente, los habitantes de ella oyen el mensaje y guardan ayuno desde los hombres hasta las bestias. No comen ni beben. Al ver el arrepentimiento sincero de sus pobladores, Jehová Dios los perdona, pero esta decisión enoja a Jonás, y le reclama porque Él es un Dios “perdonador”, “tardo para la cólera” [ Jonás 4, 2 ]. Pero Jehová no lo obligará a callar sino que le demostrará que Él esta en lo correcto con un ejemplo práctico. Hará crecer durante un día, una calabacera que será del agrado de Jonás, pero al anochecer un enorme gusano la devorará, por lo que el profeta nuevamente estará enojado. Pero Jehová le dijo: “Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” [ Jonás 4, 10-11 ]

(4) [Isaías 63, 16]

4 de junio de 2011

Carta del Jefe Indio Seattle al presidente de los Estados Unidos

El siguiente documento es uno de los más preciados por los ecologistas, se trata de la carta que envió en 1855 el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce en respuesta a la oferta de compra de las tierras de los Suwamish en el noroeste de los Estados Unidos, lo que ahora es el Estado de Washinton. Los indios americanos estaban muy unidos a su tierra no conociendo la propiedad, es más consideraban la tierra dueña de los hombres. En numerosos ámbitos ecologistas se le considera como "la declaración más hermosa y profunda que jamás se haya hecho sobre el medio ambiente".

El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.

¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. "Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.
No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.

Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas ente sí.

Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.

Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.

Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con el -de amigo a amigo no puede estar exento del destino común-. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueño de nuestras tierras; pero no podéis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza la supervivencia.