19 de agosto de 2016

¿Hasta cuándo pediremos “Venga tu reino”?




“Cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas.” (MAT. 24:33)

COMO usted quizás haya notado, los testigos oculares de un suceso suelen recordar los detalles de maneras muy distintas. Por otro lado, a un paciente le puede costar recordar exactamente lo que le dijo el médico después de darle el diagnóstico. O alguien tal vez no encuentre sus llaves o sus lentes pese a tenerlos delante. Todas estas situaciones tienen que ver con un fenómeno que los científicos llaman ceguera por inatención: no darse cuenta de algo, o bien olvidar algo, por estar distraído con otra cosa. Se afirma que el cerebro solo puede concentrarse bien en una cosa a la vez.

Muchas personas sufren un tipo parecido de ceguera ante los acontecimientos mundiales. Tal vez reconozcan que el mundo ha cambiado muchísimo desde 1914, pero no comprenden lo que eso realmente significa. Por nuestro estudio de la Biblia, nosotros sabemos que, en cierto sentido, el Reino de Dios vino en 1914, cuando Jesús fue coronado Rey en los cielos. Pero también sabemos que aún no se ha contestado por completo la oración “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mat. 6:10). Obviamente, para que la voluntad de Dios se haga en la Tierra como se hace en el cielo, primero tiene que desaparecer el presente sistema malvado.
Gracias a nuestro estudio constante de la Palabra de Dios, nosotros podemos ver que hay profecías cumpliéndose ahora mismo. ¡Qué contraste con el resto de las personas! Están tan absortas en su propia vida y en sus deseos que pasan por alto las pruebas de que Cristo ha estado reinando desde 1914 y pronto ejecutará la sentencia divina sobre este mundo. Ahora bien, si usted quizá lleva décadas sirviendo a Dios, conviene que se pregunte: “¿Tengo ahora tanto interés en el significado de los sucesos mundiales como el que tenía años atrás?”. Incluso si es Testigo desde hace poco, piense: “¿Qué absorbe mi atención?”. Sea cual sea la respuesta, veamos tres importantes razones por las que sabemos que el Rey ungido de Dios pronto tomará medidas para que la voluntad divina se haga a plenitud en la Tierra.
LOS JINETES HAN HECHO SU APARICIÓN
En 1914, Jesucristo, representado como un jinete a lomos de un caballo blanco, recibió su corona celestial y de inmediato salió cabalgando para completar su victoria contra este sistema satánico (lea Revelación 6:1, 2). La descriptiva profecía del capítulo 6 de Revelación indicaba que, tras el establecimiento del Reino de Dios, las condiciones mundiales empeorarían rápidamente. Habría guerras, escasez de alimento, enfermedades y otras causas de muerte, y estos sucesos están representados por el avance de tres jinetes que siguen de cerca a Jesucristo (Rev. 6:3-8).
Se predijo que la guerra iba a “quitar de la tierra la paz”, y eso mismo ocurrió. De nada sirvieron las promesas de cooperación internacional o los esfuerzos diplomáticos. La Primera Guerra Mundial puede considerarse la primera de muchas guerras importantes que han quitado la paz de la Tierra. Y a pesar de los avances económicos y científicos que se han visto desde 1914, la escasez de alimento sigue amenazando la seguridad mundial. Además, ¿quién puede negar que todo tipo de epidemias, desastres naturales y otras plagas mortales siguen cobrándose millones de víctimas todos los años? El alcance, la frecuencia y la gravedad de estas desgracias no tienen precedente en la historia humana. ¿Se da cuenta de lo que eso significa?
Mucha gente tenía puesta su atención en la Primera Guerra Mundial y la aparición de la gripe española. En cambio, los cristianos ungidos habían estado esperando con entusiasmo que en 1914 acabaran los tiempos de los gentiles, también llamados “los tiempos señalados de las naciones” (Luc. 21:24). No estaban completamente seguros de lo que sucedería, pero sabían que 1914 marcaría un cambio trascendental en el gobierno divino. En cuanto se dieron cuenta de que las profecías bíblicas se estaban cumpliendo, declararon con valor que el Reino de Dios había comenzado. Su proclamación los convirtió en blanco de una intensa persecución, y el hecho de que eso ocurriera en muchas naciones fue en sí mismo otra prueba de que las profecías se estaban cumpliendo. En las décadas que siguieron, los enemigos del Reino atacaron a los siervos de Jehová promulgando leyes injustas en su contra. Además, los maltrataron físicamente, los encarcelaron y hasta los mandaron ahorcar, fusilar o decapitar (Sal. 94:20; Rev. 12:15).
Con tantas pruebas de que el Reino de Dios ya está establecido en los cielos, ¿por qué la mayoría de la gente no se da cuenta de esa realidad? ¿Por qué no pueden atar cabos y ver que se están cumpliendo profecías bíblicas que el pueblo de Dios lleva mucho tiempo proclamando? ¿Será que solo prestan atención a lo que ven con sus ojos? (2 Cor. 5:7.) ¿Están tan centrados en sí mismos que no pueden ver lo que Dios está haciendo? (Mat. 24:37-39.) ¿Será que se dejan distraer por las ideas y objetivos que el mundo de Satanás promueve? (2 Cor. 4:4.) Para percibir lo que está ocurriendo en la región invisible, se requiere fe y visión espiritual. ¡Cuánto nos alegra no ser ciegos a lo que realmente está pasando!
CADA VEZ HAY MÁS MALDAD
Una segunda razón por la que sabemos que pronto el Reino de Dios tomará las riendas de los asuntos aquí en la Tierra es esta: la maldad de la sociedad humana es cada vez mayor. Las características predichas en 2 Timoteo 3:1-5 llevan casi un siglo viéndose, y de hecho han llegado a todos los rincones del planeta y son cada vez más notorias. ¿Se da cuenta usted de eso? Analicemos algunos ejemplos que lo demuestran (lea 2 Timoteo 3:1, 13).
Compare lo que se consideraba escandaloso en los años cuarenta o cincuenta con lo que ocurre hoy en los lugares de trabajo o en el mundo del entretenimiento, los deportes y la moda. La violencia y la inmoralidad extremas están a la orden del día. Algunos buscan parecer los más feroces, los más obscenos o los más despiadados. Programas de televisión que en los años cincuenta se consideraban inaceptables se emiten ahora como apropiados para toda la familia. Y muchas personas reconocen el enorme poder que los homosexuales tienen en el mundo del espectáculo y el de la moda, un poder que utilizan para promover su estilo de vida a la vista de todos. ¡Cuánto agradecemos saber lo que Dios piensa de eso! (Lea Judas 14, 15.)

También podemos recordar lo que se consideraba conducta rebelde por parte de los jóvenes de los años cincuenta y compararlo con lo que está ocurriendo hoy. A los padres les preocupaba, y con razón, que sus hijos fumaran, bebieran o bailaran de manera sensual. En la actualidad, escalofriantes titulares se han vuelto el pan de cada día. Un estudiante de 15 años dispara contra sus compañeros de clase y deja 2 muertos y 13 heridos. Unos adolescentes borrachos asesinan brutalmente a una niña de nueve años y dan una paliza al padre y al primo. Se afirma que los jóvenes son los responsables de la mitad de los delitos cometidos en cierto país asiático en los últimos diez años. ¿Puede cualquier persona razonable negar que el mundo está mucho peor?
El apóstol Pedro predijo acertadamente: “En los últimos días vendrán burlones con su burla, procediendo según sus propios deseos y diciendo: ‘¿Dónde está esa prometida presencia de él? Pues, desde el día en que nuestros antepasados se durmieron en la muerte, todas las cosas continúan exactamente como desde el principio de la creación’” (2 Ped. 3:3, 4). ¿Cómo podría explicarse esta reacción? Parece que cuanto más común es una situación, menos nos asombra. Puede que un cambio inesperado y repentino en la conducta de alguien que tenemos cerca nos conmocione. Sin embargo, el deterioro de la moralidad de la sociedad en general, como es gradual, quizás pase desapercibido. Pero no por ello deja de ser peligroso.
El apóstol Pablo nos advirtió de que “los últimos días” serían “difíciles de manejar” (2 Tim. 3:1). Pero no dijo que fueran imposibles de manejar, así que no hay razón para que tengamos miedo ni nos desanimemos. Con la ayuda de Jehová, de su espíritu y de la congregación cristiana podemos superar cualquier temor o desilusión. Podemos permanecer fieles. “El poder que es más allá de lo normal” es el de Dios, no el nuestro (2 Cor. 4:7-10).
Es interesante que Pablo comenzara su profecía sobre los últimos días con la expresión “sabe esto”. Estas palabras garantizan que lo que escribió a continuación se cumplirá sin falta. Por eso, no hay duda de que esta sociedad malvada seguirá de mal en peor hasta que Jehová acabe con ella. Los historiadores han dejado constancia de que algunas civilizaciones o naciones sufrieron un marcado deterioro moral antes de desplomarse. Pues bien, nunca antes la moralidad del mundo entero ha caído tan bajo. Muchos quizás no hagan caso de lo que eso significa, pero el hecho es que esta degeneración sin precedentes que ha tenido lugar desde 1914 es una clara señal de que el Reino de Dios pronto cambiará el curso de la historia.
ESTA GENERACIÓN NO PASARÁ
Todavía hay una tercera razón para confiar en que el fin está cerca: lo que ha ocurrido con el pueblo de Dios. Por ejemplo, antes de que el Reino de Dios se estableciera en los cielos, un grupo de ungidos fieles estaba sirviendo a Dios con entusiasmo. ¿Qué hicieron cuando no se cumplieron algunas de sus expectativas sobre lo que pasaría en 1914? La mayoría siguió sirviendo a Jehová. A pesar de las pruebas y persecuciones que tuvieron que aguantar, la mayoría de aquellos ungidos, si no todos, continuaron fieles hasta el fin de su vida en la Tierra.
En su detallada profecía sobre la conclusión de este sistema de cosas, Jesús dijo: “De ningún modo pasará esta generación hasta que sucedan todas estas cosas” (lea Mateo 24:33-35). Entendemos que “esta generación” a la que se refirió Jesús está compuesta por dos grupos de cristianos ungidos. Los ungidos del primer grupo presenciaron lo que ocurrió en 1914 y comprendieron que Cristo había empezado a reinar en ese año. No es solo que estuvieran vivos entonces, sino que durante ese año o antes ya habían sido ungidos con espíritu como hijos de Dios (Rom. 8:14-17).
El segundo grupo de “esta generación” está compuesto por ungidos contemporáneos del primer grupo. No se trata simplemente de que estuvieran vivos al mismo tiempo que los miembros del primer grupo, sino que fueron ungidos con espíritu santo cuando aún quedaban en la Tierra miembros del primer grupo. Así pues, no todos los ungidos de la actualidad forman parte de “esta generación” de la que Jesús habló. Hoy en día, los miembros del segundo grupo ya tienen una edad considerable. Sin embargo, las palabras de Jesús registradas en Mateo 24:34 nos garantizan que “de ningún modo pasará esta generación” antes de que comience la gran tribulación, así que por lo menos algunos miembros de dicha generación estarán vivos en la Tierra cuando llegue ese momento. Este hecho refuerza nuestra convicción de que ya falta poco para que Jesucristo, el Rey del Reino de Dios, destruya a los malvados y dé paso a un nuevo mundo justo (2 Ped. 3:13).
CRISTO COMPLETARÁ PRONTO SU VICTORIA
¿A qué conclusión nos lleva ver el cumplimiento de las tres profecías que hemos analizado? Jesús advirtió que no sabríamos el día o la hora en que vendría el fin, y no los sabemos (Mat. 24:36; 25:13). Pero, como Pablo señaló, sí sabemos cuál es “el tiempo” (lea Romanos 13:11). Sabemos que vivimos en los últimos días. Si se examinan las profecías y lo que Jehová y Jesús están haciendo, es imposible no ver las pruebas de que el fin de este sistema ya está cerca.
Quienes se niegan a reconocer la inmensa autoridad que ha recibido Jesucristo, el victorioso Jinete del caballo blanco, pronto tendrán que admitir su error. No podrán escapar del juicio divino. Muchos clamarán aterrorizados: “¿Quién puede estar de pie?” (Rev. 6:15-17). El siguiente capítulo de Revelación contesta esa pregunta. Los ungidos y los que abrigan la esperanza terrenal estarán “de pie” porque habrán obtenido la aprobación divina. Entonces, la “gran muchedumbre” de las otras ovejas sobrevivirá a la gran tribulación y entrará en el nuevo mundo (Rev. 7:9, 13-15).
Si nos concentramos en las profecías bíblicas que se están cumpliendo en estos tiempos emocionantes, no nos dejaremos distraer por el mundo de Satanás ni seremos ciegos al verdadero significado de los sucesos mundiales. Cristo pronto completará su victoria sobre esta sociedad perversa en la justa guerra del Armagedón (Rev. 19:11, 19-21). ¡Qué futuro tan feliz nos aguarda! (Rev. 20:1-3, 6; 21:3, 4.)

FUENTE: http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2014047#h=2

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Quieres dejar tu opinión sobre este artículo?